Palabras para entenderme, para curarme.

Una cosa es lo que vemos por las redes sociales. La cara bonita de nuestras vidas, los buenos recuerdos.

Luego está el calvario que cada persona vive por dentro. Y muchas veces ni siquiera nosotros somos conscientes de lo que nos ocurre, hasta que nos permitimos ser sinceros.

Escribí esto hace una semana precisamente para eso. Para descubrirme. Para aliviarme. Para entenderme. Para curarme.

Podéis encontrar el relato en la antología Caminos.

A n s i a

—Dime, ¿qué haces aquí?

No tarda más de dos minutos en hacer la pregunta que hizo la psiquiatra antes que ella; la pregunta que hizo el psicólogo de la seguridad social que olvidó mi nombre a los dos meses, la pregunta que hizo mi madre cuando me encontró encerrada en el cuarto de baño, con una mano en el pecho y la otra apoyada en la pared, llorando, gritando, rompiéndome.

«No ha pasado nada», dijo. «No lo entiendo, no ha pasado nada…».

Yo tampoco lo entiendo, mamá.

No entiendo qué hago en esta consulta ni que hice en la anterior, ni que hice en aquel baño. Porque ya no tengo fuerzas para creer que algo puede cambiar (o eso es lo que quiere que crea). Porque he dejado de entenderme. Porque hace unos años te hubiera dado una causa, una razón, un sentido. Porque primero pensé que el problema era mío, que la culpa era mía, que era una egoísta por no sonreír con todo lo que tenía.

No es que no pudiera sonreír. Es que dejé de sentir.

Todavía no sé si prefiero no sentir nada o sentirlo todo. Porque ahora lo siento todo demasiado: siento cada culpa, cada caída, cada palabra, cada herida. Siento el sufrimiento de los demás como si fuera mío, siento que todo lo que digo les hará daño, que soy una egoísta, una victimista, una carga. Oigo todas las mentiras que mi cabeza no para de crear y siento rabia por creérmelas. Siento tristeza por ese vacío. Siento miedo porque no quiero que la gente a mi alrededor se canse de mí. Temo que se rindan, que no me esperen, que de verdad crean que no tengo solución.

Porque es más fácil sanar cuando ves la herida. Porque los problemas se solucionan cuando entiendes la ecuación. Si no ves nada y lo sientes todo, ¿por qué estás aquí?

Es lo que llevo repitiéndome todos estos días.

Estoy aquí porque estoy cansada de estar cansada. Porque siento que mi mente no descansa, que mis pensamientos se enredan e hilvanan, que saltan de un recuerdo a una pesadilla, de un deseo o a un miedo. Que puedo empezar a hablar y no callarme hasta que me quede sin voz, y puedo empezar a reír y no parar hasta que el llanto me atraviese la garganta. Que me da rabia sentir que no puedo hacer nada: no puedo aliviar el dolor de otros, no puedo arreglar las relaciones que destrocé, no puedo volver al ayer, no puedo descansar, no puedo descansar, no puedo descansar; sólo quiero descansar.

Estoy aquí porque sé que la vida no es una competición. Porque sé que algo dentro de mí esta roto, pero que no soy yo. Que lo que se rompe se sana. Que a veces el resultado es más bello, incluso. Que he sobrevivido hasta hoy, y por mucho que mi cabeza me torture y me haga creer lo contrario, sobreviviré también mañana.

Por eso, cuando pregunta, le doy la respuesta más sincera que tengo:

—No lo sé.

El resto se lo tragan las lágrimas.

«Sólo sé que soy humana. Demasiado humana a veces. Y que por mucho que mi mente me engañe, no quiero dejar de serlo.

Quiero ser valiente.

Quiero ser fuerte.

Necesito tu ayuda».

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2 pensamientos en “Palabras para entenderme, para curarme.

  1. Cuando era pequeña los llamaba días nublados y me convencía de que aunque no sabía por qué había tantas nubes sobre mi cabeza ni cuándo habían llegado, después de atormentarme a mi misma, de sentir esa tormenta en la que a veces llegaba el trueno sin ver el relámpago saldría el sol. Y normalmente llovía, mis ojos lloraban sin que yo hiciera ningún ruido, pero significada que llegaría un arcoiris. .

    Todavía sigo llamando así a eso días y me intento decir lo mismo aunque no sé cuándo se irán las nubes y el cielo dejará de verse gris y se volverá azul, que es mi color favorito.

    No sé por qué he sentido la necesidad de escribirte eso así en plan bonito jajajajjaa

    Me alegra tu sinceridad sobre todo por la visibilidad que das a la necesidad de ir al psicólogo o al psiquiatra aunque no sepas lo que te pasa (que suele ser lo normal, ellos le ponen el nombre).

    No debe de ser fácil, pero espero que muy pronto veas un gran arcoiris.

    Besos de galleta

    1. Te puedes creer que me he emocionado muchísimo con eso que acabas de decir? La metáfora es preciosa. Y me gusta verlo así, como tú lo describes: días nublados. Gracias por leerme, por pasarte, y por tus palabras, de verdad <3

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