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Cómo ayudar a alguien con un trastorno de la conducta alimentaria

Uno de los emails más recurrentes en mi bandeja de entrada es aquel que se resumiría en un «ahora que sé que un ser querido padece un trastorno de la conducta alimentaria, ¿qué puedo hacer para ayudarle? ¿Qué debería decir, cómo debería actuar?»

Es común que tanto familia como amigos sientan la frustración y la impotencia que supone ver a alguien a quien quieres tanto hacerse daño de esta manera. Para muchos, además, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son un mundo desconocido. Es posible que tengan unas nociones básicas acerca de sus síntomas, pero lo más común es que todavía les cueste llegar a comprender lo que supone realmente padecer un TCA.

La buena noticia es que contamos con tratamientos psicológicos muy especializados que pueden ayudar a nuestro ser querido a recuperarse de su TCA. El primer paso es ese: buscar ayuda psicológica lo más pronto posible, y asistencia médica si el caso lo requiriera también. En muchas ocasiones el propio familiar o cuidador también puede beneficiarse de acudir a un psicólogo para aprender a sobrellevar todo el malestar que acompaña el proceso; las dudas, la inseguridad, la frustración o el miedo.   

Remarcando la importancia de pedir ayuda, aquí dejo unos cuantos consejos que quizás puedan ayudar por el camino:

  • Educarse a uno mismo en trastornos de la conducta alimentaria, con la intención de entender mejor el problema. Durante mucho tiempo se nos ha bombardeado con una información específica y sesgada sobre lo que es un TCA, haciendo más hincapié en la conducta o el físico que en otros aspectos más cognitivos y emocionales sobre los TCAs. Escuchar testimonios, buscar información en páginas de confianza (recomiendo, por ejemplo, el blog Cómete el mundo), leer guías (tenéis un listado aquí), libros de no ficción (como este) o incluso de ficción para meterte en la piel de quien lo sufre (como Seré frágil). 
  • Escuchar. Sin juicios, sin réplicas ni reproches. Las personas con un TCA pueden sentirse muy solas, incomprendidas e incluso avergonzadas. Estar ahí para ellas, escucharlas de forma abierta y con paciencia, es la base para que se sientan apoyadas. 
  • Animarle a que busque ayuda profesional es esencial, como comentaba anteriormente. 
  • No es recomendable insistir sobre lo que se tiene o no se tiene que comer. La persona afectada ya sabe las conductas que debería seguir. Con esto no quiero decir que no se sigan las pautas de los profesionales, sino que no nos limitemos a animarles con un «come, anda» y evitemos cualquier comentario en la mesa relacionado con la alimentación. Un TCA va más allá de la comida y, muchas veces, presionar a una persona para que coma sólo aumentará la incomodidad. En estas situaciones, una opción sería permanecer al lado de la persona durante la comida, comer nosotros mismos con normalidad, y acompañar sin juicios ni presiones. El ejemplo es esencial: precisamente por eso también es bueno desmontar todos los mitos que se tengan alrededor del peso, la nutrición o el ejercicio, y mostrar una relación sana y equilibrada con nuestros propios hábitos alimentarios. 
  • A veces lo único que podemos hacer es preguntar un «¿Qué puedo hacer por ti? ¿Qué necesitas ahora mismo? ¿Cómo te sientes?» Es importante incidir en la parte emocional de la situación, no la conductual. Preguntas como «¿lo estás pasando mal? ¿hay algo que te preocupa?» ayudan a mostrar interés por el proceso que está viviendo la persona y facilitan el diálogo. 
  • Es importante recordar que la recuperación es un proceso para el que no existen ni atajos ni recetas mágicas. Cada caso es distinto, y por eso se hace tanto hincapié en la búsqueda de ayuda profesional.
  • También es necesario ser consciente de que, por mucho que queramos ayudar a alguien que sufre un TCA, no lo podemos hacer todo. Es necesario un tratamiento adecuado, que el paciente esté motivado a cambiar, que sea consciente de su problema… Curar no es ni nuestra labor ni nuestra responsabilidad, pero sí ayudarle durante el proceso terapéutico, informarnos y acompañar.
  • Validar las emociones («es normal que te sientas así», «entiendo que esto está siendo duro para ti», «no debe de ser fácil»), y no negar o ridiculizar la vivencia del paciente. 
  • No tomar las conductas como ataques personales.
  • Y sobre todo: establecer límites para cuidar tu propio bienestar emocional. 

Recuerdo que, al final del día, estas pautas no sustituyen de ninguna forma la ayuda profesional. Las cosas pueden parecer muy oscuras ahora, pero no siempre será así. Puedes consultar más recursos de ayuda en esta sección de la página web. 

Fragmento de ‘Seré frágil’
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