Cartas a mí (I): Para cuando las palabras te hagan daño.

 

Querida yo:

A veces a los escritores se nos olvida que las críticas existen. Sobre todo al principio: es la época de la luna de miel, la época en la que te sorprendes al recibir palabras bonitas y no te cansas de dar las gracias.

Voy a corregir la primera frase: a veces se nos olvida que las opiniones existen. A veces se nos olvida que nuestro libro al final es un producto, que se tiene que ajustar al gusto del consumidor y que los gustos no son universales. Sólo hay que verlo: no a todo el mundo le gusta el queso, o el chocolate, por asombroso que suene. Ellos tampoco se libran. Qué narices, nadie ni nada se libra de ser objeto de gustos. Y no hay nada malo en ello. Tu libro gustará, sí, pero también habrá gente a la que no. Y sus palabras, a veces, irán dirigidas a un ente invisible, y olvidarán que detrás de un libro hay una persona que puso todo su cariño en crearlo.

Bueno, vengo a recordarte que has de mantener la calma. Busca lo que hay debajo de las palabras duras.
Busca qué es lo que no ha gustado: quizás es un asunto de trama que no encajaste muy bien, y en ese caso tendrás que estar atenta para el futuro, o quizás es un tipo de personalidad, una elección de la protagonista, algo que, al final, depende de gustos. No significa que lo hayas hecho mal. No te martirices, por favor. Tu trabajo terminó hace mucho, y ahora te toca disfrutar de llegar a las personas. No puedes cambiarlo, no ahora. Lo único que puedes hacer es discernir qué está dicho con maldad y qué se dice con ánimos de ayudar; coger los consejos que sirvan para ayudarte y aplicarlos, olvidar las cuestiones de gustos, olvidar todo lo que tú no opinas igual.

No siempre el cliente manda. No todos los mensajes tienen que dolerte. No tienes que darle más importante a una mala reseña que a una buena. Ambas son opiniones, ninguna es más válida que la otra.  

Así que cuando tu cabecita sólo le dé vueltas a lo malo, ve buscando lo bueno. Porque lo bueno no son mentiras. Porque la gente no dice las palabras porque sí, sino porque de verdad lo piensan. La gente que te ha dado las gracias, los mensajes que te han llegado… Eso no va a cambiar. Esa es la razón por la que empezaste todo esto. Que no te frenen las opiniones y por favor, mucho menos aquellas que están llenas de maldad, aquellas que olvidan que tú estás detrás.

Es tu primera novela publicada. Tú sabes mejor que nadie qué es real y que no. No tiembles. Y recuerda, por favor, que la vida es mucho más que esto.

Con cariño,

Bea.

Hace tiempo que descubrí que en los momentos de debilidad las palabras de comprensión no vendrían con facilidad. Siempre he tendido a tratarme mal en los momentos malos, a culparme, a darle vueltas a las cosas. Por eso empecé a escribirme cartas. A anticipar momentos y escribirme palabras de cariño, las palabras que merezco, para leerlo cuando llegara el momento. Para saber que esas palabras están teñidas de verdad.

Esta es la primera que enseño, pero habrá más, estoy segura. Y ojalá vosotros también os escribáis. Ojalá os cuidéis. A veces cuidarse tiene forma de carta, a veces de llanto, a veces de taza de leche con colacao o de mantitas y series. A veces lo es todo. Esta es mi manera.   

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2 thoughts on “Cartas a mí (I): Para cuando las palabras te hagan daño.

  1. Ánimo Beatriz, ya has demostrado tu fortaleza y las críticas deben hacerte más fuerte, y estoy seguro q por cada crítica mala hay 100 buenas.

    MUCHO ÁNIMO 💪💪💪

    1. ¡Gracias! Sí, al final lo importante es quedarse con lo bueno 🙂

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